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miércoles, 4 de marzo de 2026

NOTAS PARA NO SER MANIPULADOS POR LA GUERRA CONTRA IRÁN

 Augusto Zamora, ex diplomático nicaragüense

Observatorio de la crisis, 01/03/2026

1. La guerra criminal de agresión contra Irán lleva apenas dos días. Aunque llevara cuatro o seis, a menos que termine, es un plazo de tiempo demasiado corto para sacar ningún tipo de conclusiones. Toca esperar pacientemente sin dejarse arrastrar por los agoreros.

2. La República Islámica de Irán (RII) es un sistema político, económico y social, que ha tenido, tiene y tendrá su dirigencia, pero no es un sistema que dependa perentoriamente de sus dirigentes. Casi desde su fundación, la RII funciona como sistema colegiado. La muerte o asesinato de uno o más de sus dirigentes no genera ninguna parálisis. Los órganos colegiados se ponen en funcionamiento y designan o eligen a los nuevos dirigentes. Eso ocurrió en la agresión de junio de 2025. Eso ha ocurrido ahora.

3. El asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, no ha generado ninguna parálisis. Ya hay designado un sucesor provisional y, en su momento, será electo su sucesor definitivo. El martirio de Jamenei no ha provocado una ruptura política, sino, por el contraio, un poderoso sentimiento de union en una mayoría de iraníes. Asesinar a Jomenei es como si se asesinara a nuestro Papa de Roma, para hacer un símil que pueda entenderse. Millones de musulmanes han repudiado el crimen. Por demás, como afirmara hace tantos años nuestro admirado Maximilien Robespierre, nadie quiere misioneros armados.

4. La práctica totalidad de informaciones sobre la guerra de agresión proviene de fuentes sionistas, atlantistas y gringas. Agárrenlas con guantes, pinzas y mascarillas. Salvo honrosas excepciones, la mitad de ellas son mentira y la otra mitad manipulación. Los sionistas ocultan todo el daño y destrucción que les provoca Irán; los gringos nunca dicen la verdad, salvo si concuerda con sus intereses. Pasará tiempo para que podamos conocer lo que verdaderamente ha pasado.

5. Esta guerra es una guerra de resistencia. La ganará quien aguante más y con mayor sacrificio. Los nazi/sionistas son de guerras cortas y resultados rápidos, pues no tienen recursos ni medios para más.. Si no obtienen esos resultados rápidos terminan pidiendo cacao y que su monstruo protector -EEUU- les saque los misiles del fuego. A EEUU no le interesa -en principio- que la guerra se alargue. Un conflicto así arruinaría a muchos de sus aliados, es decir, a las satrapías árabes. Éstas también terminarían abogando por un fin de las hostilidades.

6. No hay escenario Hollywood en esta guerra. Desde la de junio de 2025 quedó demostrado que el stock de misiles de EEUU e Israel era limitado y complicado y lento de reponer. La revista Military Watch, en 2025, y Bloomberg ayer, han coincidido en una cosa: el stock de bombas de profundidad y de misiles de EEUU es escaso y podría agotarse en pocos días. Eso pasó ya en 2025. No elevemos las campanas al vuelo, pero dejemos anotado ese dato, que es muy relevante. Es una agresión aeronaval que depende de misiles y bombarderos. Con poca munición las guerras no se prolongan.

7. Por último (y por ahora), recuerden que la República Islámica de Irán no es Libia ni Siria. Es una potecia territorial, tecnológica, militar y sin retaguardias enemigas. Puede aguantar, como ya lo hizo en 2025. Los escenarios están abiertos. Hay para una guerra de meses, muchos meses, o para cesar los disparos y firmar otra tregua. No habrá paseo militar para EEUU. No lo ha habido desde Corea, en 1953. Sabe EEUU iniciar guerras, pero, hasta la fecha, no ha ganado ninguna. No pudo en el apogeo de su poder -1945-1975-, será difícil que gane esta contra Irán, en su decadencia. Lo dicho, paciencia y a esperar.


viernes, 13 de febrero de 2026

VENEZUELA: LAS COSAS NO SON CÓMO EMPIEZAN, SINO CÓMO TERMINAN

 Augusto Zamora R.

El 19 Digital, 04/01/2026

El 1 de mayo de 2003, un ufano presidente George W. Bush, en un discurso televisado a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, anunciaba que “las principales operaciones de combate en Irak han finalizado. En la batalla de Irak, Estados Unidos y nuestros aliados han prevalecido”. Detrás de Bush se podía leer una gran pancarta que decía “Misión cumplida”. La ilegal invasión de Iraq había comenzado el 20 de marzo. Bush proclamó la victoria cuarenta días después. En Iraq se decía otra cosa. Que la guerra apenas había comenzado, como efectivamente así fue. Se sucedieron ocho largos y sangrientos años de guerra hasta que, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaban, derrotadas, Iraq. Medio millón de iraquíes habían perecido de forma violenta, mientras EEUU perdía 4.500 soldados. La guerra no había concluido en mayo de 2003. Había comenzado.

El presidente Bush hizo, en aquel discurso, otra afirmación: “Tenemos una ardua labor por delante en Irak. Estamos poniendo orden en zonas de ese país que siguen siendo peligrosas”. Se refería a lo siguiente: gobernar Iraq como una neocolonia, con las tropas yanquis paseándose por el país como si fuera parque de atracciones. No pudieron. Al final, tuvieron que tragar y entregar el poder a la mayoría chiita, aliada de Irán, y, luego, llegar a compromisos con los iraquíes, muy lejos de lo que pensaban en 2003.

Peor les fue en Afganistán. EE.UU invadió el país en 2001 para derrocar a los talibanes, acusados de terroristas, para retirarse a la desesperada en 2021 dejándole el poder a… los talibanes. En 2025, buscaron negociar con ellos la entrega de una base aérea, a lo que, como podrán imaginarse, el gobierno talibán se negó tajantemente.

La operación terrorista ordenada por Donald Trump contra Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su eufórico discurso cantando victoria, dando por terminado el episodio y hablando de que gobernarán directamente Venezuela, tiene ecos de déjà vu, de situación vivida, no una, sino muchas veces. Trump hoy, como Bush en 2003, confunde lo inmediato del acto con las consecuencias del mismo. El éxito espurio de una operación comando es una cosa. La cascada de sucesos que el secuestro del presidente venezolano está y seguirá desencadenando es otra. Porque el secuestro de un presidente no es un hecho baladí. Es abrir una caja de truenos que, a su vez, servirá de desencadenante de hechos posteriores que es prematuro -e imposible- imaginar. Si en 2001 alguien hubiera afirmado que, en 2021, los talibanes volverían a entrar triunfantes en Kabul, las burlas habrían sido masivas. Si en 2003 se hubiera dicho que, en 2011, EEUU se retiraría de Iraq sin haber alcanzado sus objetivos, la reacción habría sido similar. Las cosas, bien lo sabemos, no son cómo empiezan, sino cómo terminan.

Los jefes de Estado son, de entrada, personas internacionalmente protegidas, según lo establece la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, adoptada por NNUU el 14 de diciembre de 1973. La ONU considera que “los delitos contra los agentes diplomáticos y otras personas internacionalmente protegidas al poner en peligro la seguridad de esas personas crean una seria amenaza para el mantenimiento de relaciones internacionales normales, que son necesarias para la cooperación entre los Estados”. Según el artículo 2 de dicha Convención,“Serán calificados por cada Estado parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente: a) la comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida”. EE.UU, por tanto, ha perpetrado el secuestro de una persona internacionalmente protegida, lo que constituye un delito internacional. Desde esta perspectiva, los tribunales de EE.UU carecen totalmente de jurisdicción para juzgar a una persona protegida internacionalmente que ha sido objeto de secuestro, figura delictiva en todas las legislaciones del mundo, incluyendo a EE.UU.

Por otra parte, se aplica aquí la antigua y fundamental máxima jurídica de que “nadie puede obtener beneficio de su propio dolo”, es decir, que nadie -persona o Estado-, puede prevalerse de un acto doloso o ilícito como base para obtener ventajas o derechos en un proceso judicial. Los tribunales estadounidenses, en tal sentido, no podrían, si respetaran los fundamentos esenciales del Derecho, juzgar en forma alguna al presidente venezolano. Esto no detendrá a los jueces gringos, pero permitirá constatar, una vez más, que, en EE.UU, no impera el Derecho, sino la barbarie y sólo la barbarie. Como recoge el diario The Washington Post, “La captura de Maduro por parte de Estados Unidos puede ser ilegal; eso probablemente no importará en los tribunales”. Detrás de su rostro de ‘civilizados’ se encuentra el esclavista, el genocida y el pistolero, los tres pilares sobre los que se fue construyendo ese engendro que se hace llamar EE.UU.

Secuestrar a un presidente es un acto de guerra; pero, peor aún, es legitimar con hechos cualquier tipo de arbitrariedad derivada de la fuerza bruta. Es retrotraer al mundo la era del imperialismo salvaje del siglo XIX, cuando los supuestamente civilizados europeos se sentían autorizados, en nombre de su superioridad civilizacional, a asesinar, esclavizar, expoliar, destruir y saquear a los pueblos considerados bárbaros y salvajes. Si Trump puede secuestrar a un jefe de Estado, cualquier otro gobierno se sentirá autorizado, si puede, a ordenar el secuestro de Trump o de cualquier otro presidente.

Otra cuestión debemos tener clara. La política del gobierno estadounidense no obedece únicamente a su histórica vocación de violencia, intervención y uso de la fuerza. Aunque su pulsión violenta les impulsa a actuar casi mecánicamente como pistoleros, esa política sigue las pautas establecidas durante las guerras mundiales, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington exigió a los gobiernos del continente un alineamiento sin fisuras con EEUU. Todos los gobiernos se alinearon, excepto el argentino, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, que rehusó declarar la guerra al Eje, por su simpatía hacia el fascismo. El punto no es ése. La rebeldía de Perón llevó a EEUU a promover la desestabilización del gobierno argentino, a tal punto que, en 1945, el embajador gringo, Spruille Braden, instigador de la sangrienta Guerra del Chaco, encabezaba las manifestaciones contra Perón. En octubre de 1945, un golpe de estado derrocó a Perón, que tuvo que ser liberado por los golpistas a causa de una enorme presión popular. Perón ganó las elecciones de 1946 usando el eslogan “Braden o Perón”. Hoy, en Venezuela, pueden parafrasear el eslogan, bajo el lema “Trump o Maduro”.

Trump afirma que EE.UU necesita el petróleo y los recursos venezolanos porque, según él, ‘pertenecen’ a EE.UU. En realidad, lo que Trump quiere es controlar los recursos de todo el continente como parte esencial de la preparación de EE.UU de la guerra que viene contra China y Rusia. Como ya señaláramos en De Ucrania al Mar de la China, desde 2017, durante su primer periodo presidencial, Trump diseñó una estrategia militar que repetía, en lo sustantivo, la adoptada por EE.UU en la II Guerra Mundial. Como se recordará, EE.UU batalló a muerte contra Japón de 1941 a 1944 y no entró de lleno en el escenario bélico europeo hasta junio de 1944, cuando, ya vencido Japón, consideró que podía apuntarse a la guerra contra la Alemania nazi. Para 1944, el Ejército Rojo ya había demolido al ejército nazi, de forma que la participación directa de EE.UU en el escenario europeo tuvo más relevancia en Hollywood que en la guerra misma.

No será posible entender la atroz agresión que sufre Venezuela y el propio secuestro del presidente Maduro y de su esposa si se le aísla del escenario mundial y de la lucha, soterrada e implacable, por el cambio sistémico en curso. Es esa lucha lo que explica la beligerancia de Trump en favor de candidatos derechistas ‘trumpistas’ en el continente americano y en la misma Europa. EE.UU no está pretendiendo devolver la región a lo que era hace un siglo. EE.UU quiere gobiernos alineados y serviles en los países americanos y europeos que bailen a su compás, sin vacilación ninguna, para cuando se inicie el enfrentamiento mundial, particularmente por el dominio del océano Pacífico. Aunque el petróleo esté de por medio, nadie en Venezuela se oponía a inversiones estadounidenses en el sector de hidrocarburos. Todo lo contrario, las cortapisas a una relación comercial mutuamente beneficiosa provenían del gobierno estadounidense. En febrero de 2024, Trump anunció que revocaría la licencia que “el corrupto Joe Biden concedió” a Venezuela, en 2022, para que la multinacional Chevron operara en el país.

El petróleo es más cortina de humo que realidad. De siempre se han hecho mejores negocios en la paz que en la guerra. Durante los veinte años que duró la invasión de Afganistán, ninguna empresa de EE.UU pudo extraer beneficios del país. Fue, todo, un desastre militar, político y, sobre todo, económico. El estudio realizado, al respecto, por la Universidad Brown, en 2019, concluyó que la guerra de Afganistán costó a EE.UU la friolera de 978.000 millones de dólares. Haciendo comparaciones, el PIB de Chile, en 2025, fue de 340.000 millones de dólares. El de Suecia, de 640.000 millones.

La visión estratégica de EE.UU explica, también, el aparente menosprecio de Trump hacia los países atlantistas europeos. Trump los desprecia porque, en su mayoría, se han negado a seguir las directrices dadas desde 2017, de rearmarse comprando armamento estadounidense y de multiplicar por tres el gasto militar, hasta alcanzar el 5% del PIB. Trump, contrario a lo que predican los bobos de turno, no quiere a la OTAN débil. La quiere archi-militarizada con armamento gringo que, además de inyectar centenares de miles de millones de dólares a las arcas de EE.UU -que necesita perentoriamente para financiar el rearme contra China-,conforme una amenaza militar suficiente para amedrentar a Rusia. Y quiere a Rusia amedrentada para que, en caso de guerra con China, Rusia no pueda brindar apoyo suficiente a China. Sin apoyo ruso, EEUU podría soñar con derrotar a China y, una vez derrotada China, pasarían a ocuparse de Rusia.

También explica su aparente interés en la paz entre Rusia y Ucrania. En realidad, Trump ofrece un caramelo para distraer a Rusia y así dar tiempo a que los europeos atlantistas se rearmen. No es un esquema de paz lo que Trump está moviendo en Ucrania, sino de guerra. De la guerra sistémica que sostienen aquellos (China, Rusia, India, Irán…) que quieren instaurar un nuevo orden mundial contra los que (EE.UU y sus títeres europeos) se afanan por impedirlo y prolongar cuanto puedan su hegemonía decadente. Eso aclara el apoyo o el silencio cómplice de la casta política europea hacia la operación terrorista de EEUU en Venezuela. Son zorros del mismo piñal unidos en los mismos objetivos.

No hay, en el mundo actual, conflictos aislados unos de otros. Estamos en un sistema de vasos comunicantes donde todos los grandes frentes de conflicto -Ucrania, Gaza, Irán, Asia-Pacífico, África, hoy Venezuela-, están intercomunicados y unos influyen en los otros. Lo que ha movido a EE.UU contra Venezuela está relacionado con la pretensión gringa de apoderarse de Groenlandia. EEUU quiere una Groenlandia yanqui para hacer allí un símil de Taiwán y cerrar a Rusia el acceso al océano Atlántico. Y así…

Es la versión geopolítica del efecto mariposa (“un pequeño cambio ahora puede dar lugar a un cambio gigantesco e impredecible en el futuro”). Pueden ser conflictos localizados en una geografía determinada, pero que forman parte del conflicto global, cuyo escenario principal -no se engañe nadie- es el control del Pacífico. Allí, en el ‘arco del triunfo’ que va de la península coreana a India -que referimos en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos-, está el corazón de la economía mundial, la mitad de la población y las cuatro mayores potencias globales.

El acto criminal contra Venezuela tiene otras secuelas, las inmediatas. Una de ellas es recordarnos, de golpe, que el imperialismo depredatorio y violento no ha muerto. Está vivo y coleando, esperando únicamente que nos durmamos para asaltarnos. También sirve para recordar que la lucha antiimperialista acabará sólo cuando los sistemas imperialistas hayan sido derrotados. No es posible saber qué derroteros seguirá la agresión contra Venezuela. Lo que debemos tener claro es que, mientras el enemigo está despierto, estamos obligados a permanecer en vigilia. Hoy es Venezuela, mañana cualquiera. De fondo, el planeta entero.

Una inédita versión global de lucha entre opresores y oprimidos. Entre oligarquías y pueblos. Entre un mundo unipolar, en manos criminales, y el mundo multipolar, que queremos en manos de la humanidad. Venezuela es el nuevo capítulo, no el último. Habrá otros. Irán, Egipto, Indonesia, África Central… Y no hay que llamarse a engaño. La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.

Sin dar espacio al desaliento, toca estar alertas y preparados. Se han perdido, se pierden y se perderán batallas, pero, al final, la victoria será nuestra. Hagan números y verán que salen las cuentas.


martes, 22 de julio de 2025

IRÁN NO ES SIRIA, TAMPOCO IRAQ, NO SE EQUIVOQUEN...

 Augusto Zamora R.

Rebelión, 23/06/2025

Para situar el tema en contexto es preciso poner los pies en la tierra, literalmente. No son, nunca han sido Irán e Israel potencias equivalentes. Creerse ese cuento es de fanáticos o de majaderos. Israel tiene 26.000 kilómetros cuadrados y ocho millones de habitantes, territorio que debe compartir con cinco millones de palestinos. Carece de recursos naturales y energéticos y su defensa depende, en un 90%, de EEUU y, en menor medida, de las satrapías europeas. No hay más. Irán tiene 1.780.000 kilómetros cuadrados y 90 millones de habitantes. Dispone de algunas de las mayores reservas energéticas del mundo y de incontables recursos naturales. Fabrica la práctica totalidad de su armamento y es, con diferencia, el país más poderoso de Oriente Medio. En un conflicto taco a taco con Israel, la enorme asimetría aseguraría- una rápida y desastrosa derrota de Israel. Las guerras, desde siempre, las suele ganar quien tiene más recursos y más soldados y, en este tema, se engaña solamente quien quiera engañarse. 

Las agencias noticiosas y una generalidad de comentaristas hablan o se refieren a los ataques de Israel contra Irán como si esos ataques los realizaran en su totalidad las Fuerzas genocidas de Israel, pero nada más lejos de la realidad. Israel, por sí mismo, no tiene capacidad para realizar tal tipo de ataques. No lo decimos nosotros. Lo acaba de resumir la revista estadounidense Military Watch, en estos términos:

“Estados Unidos ya participa activamente en el conflicto iraní-israelí, proporcionando no solo inteligencia, datos de objetivos y armamento a las Fuerzas de Defensa de Israel, sino también desplegando sistemas de defensa aérea THAAD del Ejército estadounidense y destructores AEGIS para apoyar la interceptación de misiles balísticos iraníes. Informes no confirmados indican que cazas estadounidenses también han apoyado la interceptación de drones iraníes, como ya hicieron durante intercambios previos menos intensos entre Irán e Israel en abril y octubre de 2024. Según informes, la Fuerza Aérea Israelí también ha dependido en gran medida del apoyo de reabastecimiento aéreo de varios miembros de la OTAN, incluidos Estados Unidos y Alemania, para que sus cazas alcancen objetivos iraníes.” (https://militarywatchmagazine.com/article/us-deploys-stealth-fighter-fleet-middle-east-iran-air-defence).

Sigamos con fuentes de EEUU. El diario The Washington Post, en un artículo firmado por Gerry Shih, Susana Georgey Evan Hill, de 17 de junio de 2025, dice lo siguiente:

“Sin reabastecimientos de Estados Unidos ni una mayor participación de sus fuerzas, algunas evaluaciones proyectan que Israel podría mantener su defensa antimisiles durante 10 o 12 días más si Irán mantiene un ritmo constante de ataques, según una fuente informada sobre las evaluaciones de inteligencia de Estados Unidos e Israel. Añadió que, incluso a finales de esta semana, los sistemas israelíes podrían solo ser capaces de interceptar una proporción menor de misiles debido a la necesidad de racionar la munición defensiva. «Tendrán que seleccionar lo que quieren interceptar», declaró la fuente, que habló bajo condición de anonimato para tratar un asunto delicado. «El sistema ya está desbordado».” (https://www.washingtonpost.com/world/2025/06/17/israel-iran-missile-conflict/).

La revista Military Watch, por su parte, en un artículo del 18 de junio de 2025, titulado “El arsenal de defensa antimisiles de Israel se agotó tras solo cinco días de ataques iraníes”, comenta:

“Los sistemas de defensa antimisiles israelíes han demostrado tener dificultades para interceptar ataques lanzados incluso con misiles balísticos de clase relativamente básica, como los lanzados por las fuerzas de la Coalición Ansurullah en Yemen. Esto ha puesto en seria duda su capacidad para interceptar misiles iraníes de mediano y alto calibre. La escasez israelí de misiles antibalísticos ya era un problema grave a mediados de 2024, con los continuos ataques con misiles balísticos desde Yemen, dos ataques a gran escala desde Irán en abril y septiembre, y, en menor medida, los ataques del grupo paramilitar libanés Hezbolá, que habían agotado el arsenal. Según informes, los exitosos esfuerzos de Hezbolá para atacar específicamente los activos de defensa antimisiles israelíes empeoraron la situación.  Esta escasez llevó a Estados Unidos a desempeñar un papel más importante en la defensa del territorio israelí contra los ataques con misiles, y como resultado, las Fuerzas Armadas estadounidenses también vieron sus arsenales de misiles antibalísticos bajo una creciente presión debido al despliegue de los sistemas THAAD del Ejército estadounidense y AEGIS de la Armada estadounidense para proteger a Israel.” (https://militarywatchmagazine.com/article/israel-missile-defence-increasingly-depleted-iran).

Como pueden leer, en el conflicto de Israel contra Irán, hay mucho ruido y pocos misiles antimisiles. No sólo en los arsenales de Israel, sino en los propios arsenales de EEUU. De esta guisa, podría el presidente Trump ordenar un ataque aéreo contra objetivos iraníes, pero será cosa de echar a suertes los resultados finales de ese ataque. Recordemos, sin ir más lejos, que el operativo aéreo y naval contra las fuerzas hutíes de Yemen, realizado por EEUU, terminó en chasco, pidiendo cacao Washington, pues los hutíes, aparte de derribarles dos docenas de costosos drones y tres costosísimos cazabombarderos, poco más y le pegan un misilazo a uno de sus flamantes portaaviones, lo que habría generado un bochorno mayúsculo, evidenciando la vulnerabilidad de estas plataformas. 

Ahora hagamos números y comparemos el arsenal de los heroicos y osados hutíes con el arsenal que posee Irán. Si EEUU no pudo doblegar a los hutíes, ¿cómo piensa doblegar a Irán? ¿Qué destino les espera a las bases estadounidenses en Bahréin, Qatar o Emiratos Árabes Unidos? Los portaaviones pueden moverse; las bases militares no. Y están, todas, a tiro de pichón de los misiles iraníes.

Pensemos otra cuestión. Los cazabombarderos necesitan campos de aterrizaje. Las bases de EEUU en la península arábiga necesitan el permiso de los gobiernos para poder ser usadas en acciones bélicas. ¿Darían este permiso los respectivos gobiernos, sabiendo que, con ese permiso, están abriendo las puertas del infierno y que sus países serán los que paguen el pato, la pata y el ganso? Arabia Saudita ha expresado su apoyo a Irán y condenado la agresión israelí. Reacciones similares han tenido otros gobiernos de la región. ¿Irán a la guerra contra Irán? Todo es posible, pero, desde aquí, lo dudamos.

Tan es así que EEUU está concentrando sus aviones en bases europeas, sobre todo las de España (¡ay, España, qué vergüenza das!). Si los árabes no dan permiso, los aviones tendrán que despegas de portaaviones y bases europeas. Largas serían las distancias y rusos y chinos alertarían a Irán del despegue de los cazabombarderos gringos. Hay 5.000 kilómetros de España a Irán. Los cazabombarderos tienen, de media, una autonomía de vuelo de 2.000 kilómetros. Tendrían que ser reabastecidos en el aire, lo que retrasaría más su llegada. En suma, de todo habría, menos sorpresa, cuestión ésta de principal importancia en las cosas militares.

Otra cuestión. El ataque sionista, aunque no lo parezca en primera instancia, es parte de un conflicto mayor, de escala mundial, relacionado hondamente con el cambio sistémico que vive el mundo hoy. Un cambio que es esto: la sustitución de cinco siglos y medio de hegemonía occidental por un mundo multipolar, encabezado por las grandes potencias emergentes (China, Rusia, India) y potencias regionales (Irán, Indonesia, Paquistán, Sudáfrica). Nada ni nadie podrá detener el proceso de cambio sistémico. Israel es la pieza de la OTAN en Oriente Medio, como Japón, Taiwán y Corea del Sur lo son en Asia/Pacífico, y Alemania y Polonia en Europa. Fichas de un tablero global.

Desde esa perspectiva, el ataque a Irán es un ataque a la retaguardia estratégica de Rusia y China. A un país esencial en la construcción del mundo multipolar. Se entenderá mejor esto viendo un mapa de Eurasia. En ese mapa puede verse el cubo de países adversarios del atlantismo. Rusia, dominando el Ártico y el flanco europeo. China, la superpotencia que se proyecta hacia el Pacífico. India, dominando el Índico. E Irán, la pieza insustituible en Oriente Medio, el golfo Pérsico y el Mar de Omán. El mundo multipolar frente a los tardo-imperialismos y sus perros guardianes de pocos dientes.

No hay, en este presente, conflictos aislados. El mundo euroasiático es un sistema de vasos comunicantes, de forma que unas crisis están vinculadas o repercuten o tienen derivaciones en las otras. Un conflicto abierto en Oriente Medio sería un regalo para Rusia en Ucrania y para China en Asia/Pacífico. Daba la debilidad de Israel, EEUU tendría que derivar ingentes recursos para sostener al Estado sionista, recursos que se extraerían de fondos destinados a Ucrania, Europa y el Pacífico. Cuanto más grave y más prolongado en el tiempo sea el conflicto, peor para EEUU y mejor para Rusia y China. Y atrozmente mal para Europa, Japón y Corea del Sur, que, como importadores netos de energía, verían desplomarse sus ya débiles economías. Un alza exponencial del gas y el petróleo dinamitaría su tejido industrial y liquidaría miles de empresas. 

Terminamos esto, escrito a vuelapluma y sin más ayuda que el corrector automático, citando a Jude Russo, editor jefe de The American Conservative, en su artículo “No es nuestra guerra”, de 13 de junio pasado:

“El hecho de que Irán se encuentre en la periferia estadounidense (y, en relación con Estados Unidos, sea débil) significa que las consecuencias negativas de incluso una participación directa llegarán con retraso y, al principio, de forma remota, como ocurrió con las consecuencias negativas de la guerra de Irak. Pero quizás no con tanto retraso ni tan remotamente: el poderío estadounidense está mucho más debilitado que en 2003, la sociedad estadounidense está mucho menos cohesionada y el Tesoro estadounidense se encuentra en una situación mucho más precaria. 

Si bien esta situación no es ideal, Estados Unidos puede tomar medidas para mitigar el daño. Parte de la habilidad política consiste en tener en cuenta las insensateces de futuros líderes y anticiparse a ellas. A veces, salir de una región solo se logra saliendo.” (this-is-not-our-war/).

Sabio consejo. Lo dicho. Esto está escrito a vuelapluma que, por su extensión, parece pluma de dinosaurio en transición de T-Rex a ave. Sean benignos con los errores, que es hora de remitirse al sueño (y a un vaso de buen vino).

miércoles, 5 de febrero de 2025

EL ÚLTIMO EMPERADOR DE OCCIDENTE

Augusto Zamora R. 

Rebelion.org, 03/02/2025 

Ahora, con Donald Trump re-entronizado como presidente de EEUU, puede uno adentrarse en los procelosos senderos del análisis, libre ya de los llantos dolientes del Accidente colectivo, así como de los ditirambos exultantes de los trumpistas, que tanto recuerdan –unos y otros-, las procesiones milenaristas del año 999 a.C., cuando los siervos del señor creían que el cambio de siglo significaba el fin del mundo. Equivocados estaban aquellos, como equivocados están estos, los unos con sus escapularios, los otros con sus lloros y cánticos estrafalarios. No es la parusía. Es sólo Donaldo. Ya lo dijimos hace semanas y volvemos a decirlo, que es poca la memoria y excesivas las angustias.  

Veamos. Trump gobernará cuatro años, cuatro. En términos históricos es nada, y es menos tiempo aún cuando se está en lo que estamos, es decir, en un cambio sistémico, de cambio histórico de ciclo histórico –y perdonen la redundancia las señorías-, cuya consolidación puede ocupar diez o quince o veinte años. Cuando tal se dé (que se dará), Donaldo será historia y, seguramente, para ese entonces, nadie se acordará de él. La década larga que viene será densa, intensa, armada y disputada a cara de perro, sin ofender a los nobles chuchos que nos acompañan desde hace milenios.

Esto, para empezar a quitarle vinagre a la ensalada. A Donaldo hay que entenderlo, que entendederas tiene, a pesar de haber sido electo presidente de EEUU, un cargo que no destaca por las luces de sus ocupantes. Pensemos que Gerald Ford era de granito: le daban martillazos en la cabeza y creía que llamaban a la puerta. Reagan lo ignoraba todo, a tal punto que, si su señora no le ayudaba, terminaba dando sus discursos en el retrete, que confundía con un podio. Bush hijo era semianalfabeto y tenía por costumbre leer los libros al revés: total, del derecho tampoco los entendía. Y Biden, ¡Jesús!, funcionaba con dos botones. Uno decía Ucrania y mandaba bombas. Otro, Israel, y mandaba más. Puede que ahora, jubilado, descubra que su verdadera vocación era ser carnicero, aunque –admitámoslo-, ese ha sido el oficio preferido de los presidentes gringos.

Volvamos a Donaldo. Ha vuelto envuelto de mesianismo, o, más bien, de sembrador de caos y dislates. La edad no perdona y, si eres presidente gringo, menos aún. Ha retornado diciendo que quiere anexionarse Canadá, reconquistar el canal de Panamá y hacerse con Groenlandia. Todos los aludidos son “países amigos”. Como era de esperar, los afectados le cantaron nones y algo más. Donaldo se tendrá que olvidar de sus apetencias expansionistas o tendrá que iniciar la invasión de esos países, lo que no parece posible sin descalabrar las alianzas de EEUU, cada día más escasas y remolonas. Este punto podemos darlo por descartado, con la duda de Panamá, que…

Pasemos ahora a Ucrania. Donaldo pasó de decir que haría la paz en 24 horas (como quien saca un conejo de una chistera), a decir, a los dos días de tomar posesión, que, si Rusia no hace la paz con Ucrania como él quiere, le pondrá sanciones económicas y comerciales demoledoras. Una preciosa manera –casi poética-, de iniciar una negociación con la cuarta economía mundial (por PPP) y primera potencia nuclear del planeta. Debe andar, Donaldo, un poco subido de éxtasis casablanquero para caer en esos precipicios. Antes había afirmado que, como España pertenecía a los BRICS, la iba a demoler a sanciones (en Madrid se apresuraron a aclarar la confusión y a poner los pantalones en remojo para calmar de raíz su equivocado enojo). Curiosa confusión, porque el país que, efectivamente, pasó este enero a ser miembro de los BRICS es Emiratos Árabes Unidos, pero, aseguramos, si algo no hará Donaldo es amenazar con sanciones a la potencia petrolera. En todo caso, dado que Rusia no es Panamá -ni siquiera Canadá-, sino que tiene su propia estrategia, la paz en Ucrania no estará al caer, ni al rodar –menos a volar-, por más garrotes que enseñe Donaldo. Alguien debería recordarle que no estamos en 1904, cuando Theodore Roosevelt sacó a relucir el suyo. En Rusia, el secretario de prensa, Dimitri Peskov, se limitó a comentar: “Como saben, Trump, en la primera etapa de su presidencia, fue el presidente estadounidense que recurrió con mayor frecuencia a métodos de sanciones”. Nada nuevo bajo el sol o la luna.

Con Gaza tampoco habrá novedades. Lo hemos mencionado y lo repetimos ahora. Israel es el perro guardián de EEUU en Oriente Próximo y, mientras EEUU tenga poder, Israel lo tendrá. Ahora el sionismo anda eufórico con sus triunfos, pero la potencia e impunidad sionista, como los equilibrios de poder en esa explosiva región, han dependido, dependen y seguirán dependiendo del poder militar de EEUU. Cuando ese poder se debilite, al punto de no ser sostenible, todo el escenario de genocidio, sangre y terror que han impuesto en la región, se evaporará como se evaporó el reino cruzado. La justicia para Palestina no llegará en lo inmediato. Puede que tampoco en lo mediato. El reino cruzado subsistió mientras Europa proveía de dinero, soldados y recursos. En su apogeo, los cruzados ampliaron cuanto pudieron el Reino de Jerusalén. Tal está haciendo hoy el sionismo. La euforia de sangre y terror subsistirá mientras EEUU siga proporcionando armas, fondos  y escudo militar al abominable Estado sionista. Cuando el flujo cese, renacerá Saladino e Israel desaparecerá.

Donaldo, que parece vivir atrasado de noticias, ha sacado de sus tumbas a los exploradores y expoliadores europeos que iban, siglo XIX a cuestas, dando nombres europeos a geografías que, según ellos, carecían de nombre. Livingstone llamó Victoria a las cataratas que los africanos llamaban, desde hacía siglos, Mosi Oa Tunya (“el humo que truena”). En Nicaragua, a nuestro histórico puerto San Juan del Norte los británicos le pusieron el mote de Greytown. Los africanos siguen llamando Mosi Oa Tunya a sus cataratas, y nosotros San Juan del Norte a nuestro puerto. Un decreto, por muy presidencial que sea, no basta para cambiar un nombre histórico. Sólo un puñado de mentecatos cambiará los libros de geografía para hacer caso a esta ‘trumpada’. Alto Volta llamaban los colonizadores franceses a Burkina Faso. ¿Cuántos lo recuerdan?

Hablemos, ahora, de cosas serias, empezando con las realidades. Por muy estridentes o aparatosas que suenen las declaraciones de Donaldo, EEUU no es lo que era, ni el mundo tampoco. Hoy, la otrora superpotencia representa el 15,5% del PIB mundial, lo que es escasa cantidad para andar de pistolero en estos nuevos corrales. La mayor potencia industrial del mundo es China (18,9% de PIB) y, dentro de una década o menos, le seguirá India (7,2%). Rusia no va a la zaga, considerando el impresionante proceso de reindustrialización que vive desde hace años, dirigido a situarla entre las cinco grandes potencias industriales del planeta. Y en EEUU sobran pistolas y faltan fábricas.

El tema no termina ahí, sino que empeora para EEUU. China, India y Rusia son los socios fundadores de los BRICS, que están empeñados en establecer un mundo multipolar. Dicho de otra manera, esos tres gigantes están en el bando opuesto a EEUU. De la potencia y fiabilidad de su alianza da fe la guerra en Ucrania, en la que Rusia se ha visto poderosamente apoyada por India y China, para dolor de muelas de EEUU. El comercio chino-ruso ha superado los 240.000 millones de dólares y el ruso-indio se acerca a los 60.000 millones. En diciembre de 2024, la rusa Rosneft y la india Reliance firmaron un acuerdo récord de suministro de petróleo por 13.000 millones de dólares para los próximos 10 años. Por esa ruta mal cabalga Donaldo, por más que presione a India y China.

La propuesta de Donaldo, de castigar con impuestos del 100% a los países miembros de los BRICS tampoco resiste el menor análisis. De entrada, EEUU importa de los BRICS 550.000 millones de dólares en productos, muchos de ellos de carácter estratégico. Este grupo, con el ingreso, el pasado enero, de nuevos miembros y socios, reúne al 51% de la población del planeta y, según el FMI, las economías de los BRICS suman más del 40%  de la economía mundial, en términos de PPA. Mal negocio sería meterse en berenjenales, declarándole una guerra arancelaria a la mitad del mundo.

Poca o ninguna relevancia dieron en el gallinero europeo a la llamada que se hicieron Putin y Xi Jinping el día después de la toma de posesión de Donaldo. Tengan por seguro que no hablaron del estado del tiempo ni de copos de nieve cayendo. Menos atención prestaron al acuerdo de asociación estratégica firmado por los presidentes de Rusia e Irán a mediados de enero de este 2025. Tampoco recogieron las declaraciones del ministro de Defensa de India, dando cuenta de que existen más de 200 proyectos militares conjuntos con Rusia y de que el país incrementará un 15% las compras de armamento ruso, hasta superar los 15.000 millones de dólares. Cuestión baladí es también la visita oficial que realizará Putin a India, invitado por Narendra Modi. Ciertamente, el Accidente colectivo ha hecho política de estado tapar el sol con un dedo y adorar las arrugas de su avejentado ombligo.

Nos enfrentamos a escenarios abiertos, con posiciones cada vez más claras entre los grandes poderes. Donaldo quiere un arreglo con Rusia, pero no a cualquier precio, y lo busca porque su objetivo es China. China sabe que está en la diana de EEUU desde hace una década y se prepara cuanto puede para un abanico de opciones, desde una paz armada a una guerra aeronaval por Asia-Pacífico. India quiere un lugar prominente en el mundo y sabe que, para alcanzarlo, debe guardar su alianza con Rusia y la paz con China. Es decir, que no habrá alianza india con EEUU. Irán se prepara para la guerra contra el sionismo y ha amarrado puentes con Rusia y China, como fase necesaria para seguir fortaleciendo su economía y acrecentando su poder militar. EEUU, endeudado y en crisis industrial, prepara un repliegue de tropas para rehacer su economía y, con ello, sus fuerzas armadas, no para una guerra global –que grande es el temor a China y Rusia-, sino para no verse apabullado por los nuevos poderes. Donaldo puede –o no-, ser el puente de transición de los sueños neo-cons de dominio mundial a un más realista acomodo en el inminente mundo multipolar. Incluir a Cuba, de nuevo, dentro de los países terroristas, parece indicar que no será ese puente.

De lo que es difícil dudar es que la carrera armamentista seguirá siendo la estrella más brillante de nuestras celestes noches de amor y celos. Aunque se hable de negociaciones y concordia mundial, es casi imposible confiar en EEUU, como en EEUU no confían en nadie, sino sólo en su poder militar. Mientras Donaldo dice querer la paz en Ucrania y una limitación de armas nucleares, una flota de guerra de la OTAN se prepara para zarpar de Europa rumbo al Mar de la China. El diario El País, de Madrid, comenta: “El objetivo de la Operación Highmast, según la organización, es realizar un “despliegue global”, orientado a neutralizar una amenaza genérica; sin identificar a ningún enemigo en concreto”. No hace falta identificar a ese enemigo. Es China. El atlantismo se está preparando para la guerra en Asia-Pacífico. Un grupo naval de combate francés ya se encuentra ahí. En estos menesteres, como en tantos otros, no hay que guiarse por las palabras, sino por los hechos.

No son tiempos para impacientes. Son de organización, acumulación y creación de las nuevas ideas para el nuevo orden. Ese momento llegará. Está cada día menos lejos. O más cerca. Al gusto. En cuanto a Donaldo, hay que situarlo. Quiere ser emperador de Occidente. El último. Que lo sea.    

EL GRAN DESPOJO DEL BIENESTAR Y LA ARQUITECTURA DEL CUARTEL EUROPEO

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