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lunes, 20 de julio de 2026

EL GRAN DESPOJO DEL BIENESTAR Y LA ARQUITECTURA DEL CUARTEL EUROPEO

Alejandro Marcó del Pont
Nueva Revolución, 07/07/2026

En algún lugar de la memoria colectiva europea, entre el polvo de los archivos y las fotografías sepia, permanece la imagen de aquella sala cargada de humo en Berlín, el 20 de febrero de 1933. Veinticuatro hombres, los barones del acero, la química y la banca teutona, la elite alemana se sentaban frente a un cabo bohemio de bigote ridículo para entregarle las llaves del Reich.

Éric Vuillard, en su escalofriante crónica de El orden del día, reconstruyó aquella escena con la precisión de un forense, dejándonos la lección más amarga de la historia económica del siglo XX. Las catástrofes no las provocan los locos, sino los hombres respetables que firman los cheques. Pero hay una verdad aún más oscura que subyace en aquella reunión, una que los historiadores oficiales suelen omitir en sus eufemismos. Aquellos veinticuatro caballeros no solo traicionaron a la democracia de Weimar; iniciaron el mayor ejercicio de despojo, expoliación y sumisión de las clases trabajadoras que Europa hubiera conocido.

Hay similitudes entre el periodo de entreguerras (1918-1939) y la situación actual con las élites europeas. El paralelismo es llamativo, aunque no exactos, la historia no se repite idénticamente, pero rima. En ambos casos, las élites económicas, políticas e intelectuales europeas percibieron una amenaza existencial a su orden liberal/capitalista y responden con estrategias de contención, rearme ideológico y apoyo selectivo a fuerzas «defensoras» del statu quo, a menudo con un giro hacia posiciones más derechistas.

De la lectura se desprende que las élites europeas quieren tres cosas al mismo tiempo: contener a Rusia, reconstruir el poder geopolítico europeo y descargar el costo de la crisis sobre el trabajo y el bienestar social. El problema es que esas tres metas chocan entre sí,: la militarización exige gasto público; la competitividad demanda salarios más bajos y ajustes, y la cohesión política se debilita cuando la población percibe que paga el precio de una estrategia diseñada desde arriba.

Para comprender la magnitud de este despojo, hay que mirar sin anestesia lo que ocurre en el corazón industrial de Europa. El motor de Europa se está apagando, y esto no es un misterio, sino el resultado de la ruptura del modelo de negocios alemán (gas ruso barato + manufactura de alta calidad + exportación a China). Recientemente, a finales de junio de 2026, se anunció que Volkswagen planea cerrar cuatro plantas en Alemania y despedir a 100.000 trabajadores en todo el mundo. El colapso del modelo alemán no es un accidente, es una reestructuración de clase planificada.

Esto refleja una desindustrialización acelerada donde los costes energéticos y las regulaciones verdes destruyen el tejido industrial tradicional. La vieja burguesía industrial europea está sufriendo, pero esto abre la puerta a que los capitales financieros y los fondos de inversión (muchos de ellos estadounidenses o vinculados a las grandes gestoras de activos) adquieran activos europeos a precios de remate, reconfigurando la propiedad de la industria hacia un modelo más financiero y menos productivo.

El capital financiero no necesita fábricas en el Ruhr; necesita bonos verdes, derivados de carbono, algoritmos de gestión de datos y activos comprados a precio de saldo. El despojo consiste en transferir la riqueza pública y productiva a los balances privados de los fondos de inversión, dejando a la ciudadanía con las migajas de una economía de servicios precarizados.

Mientras Alemania es vaciada de su poderío productivo, Londres y París arden en un caos político que sirve como la cortina de humo perfecta para esta operación. El desastre político del Reino Unido, atrapado en la trampa del Brexit y en una sucesión de gobiernos débiles, la fragmentación de Francia, con la extrema derecha acechando el Eliseo y una izquierda irreconciliable, son presentados por los medios hegemónicos como la crisis de la democracia. Nada más lejos de la realidad. Este caos es la condición de posibilidad para el verdadero objetivo de las elites. La construcción del Estado de la Vigilancia.

En la cúspide de esta arquitectura del despojo se erigen tres pilares fundamentales que operan en perfecta simbiosis para garantizar que la riqueza fluya hacia arriba y el control se imponga hacia abajo. El primero de estos pilares es la ingeniería ideológica y moral representada por George Soros y su red de Fundaciones por una Sociedad Abierta. Soros no es un simple filántropo; es el jefe de inteligencia ideológica de las elites transnacionales. Su función en esta transición del bienestar a la vigilancia es crucial: reemplazar la soberanía popular por una red de ONG, think tanks y activismo legal que dicta los límites de lo pensable.

Las Open Society Foundations no buscan el bienestar material de las clases bajas; buscan la sumisión ideológica. Financian la «sociedad civil» que exige la apertura de fronteras (para garantizar un flujo de mano de obra barata y precaria que presione los salarios a la baja) y que, al mismo tiempo, exige la censura de cualquier discurso que desafíe el consenso tecnocrático de Bruselas. Soros provee el marco moral que justifica el Estado de la Vigilancia, bajo la premisa de proteger la «democracia liberal» y los «derechos humanos», se legitima la persecución legal, financiera y mediática de cualquier disidencia. Es la vigilancia del pensamiento, la policía de la moralidad que asegura que las masas empobrecidas no culpen al sistema financiero, sino a los chivos expiatorios de turno.

El segundo pilar es la banca de la reestructuración y el parasitismo financiero, encarnado históricamente por la dinastía Rothschild y, hoy, por la red de bancos de inversión y gestoras de activos globales. Si el Estado del Bienestar se financiaba con los impuestos al trabajo y a la producción nacional, el nuevo Estado de la Vigilancia y el Cuartel se financia con deuda. Aquí es donde se consuma el gran despojo económico. Las elites financieras utilizan las crisis que ellas mismas provocan o exacerban para rescatar a los Estados no con dinero gratuito, sino con deuda impagable. A cambio de esta deuda, los Estados europeos están obligados a hipotecar sus infraestructuras públicas, sus sistemas de pensiones y sus recursos naturales.

Rothschild & Co y sus pares asesoran la privatización silenciosa de lo que queda del patrimonio público. Cada vez que un Estado europeo necesita emitir deuda para mantener a flote su maltrecho sistema de salud o para financiar el déficit energético, los fondos de inversión globales compran esa deuda, exigiendo a cambio «reformas estructurales», es decir, recortes en el gasto social, aumento de la edad de jubilación y flexibilización laboral. El despojo es la financiarización de la vida misma: el capital financiero se alimenta de la sangre del Estado social, absorbiendo la riqueza de las generaciones presentes y futuras para inyectarla en los mercados de activos globales.

El tercer pilar, y quizás el más visible en su brutalidad, es el complejo militar-industrial europeo. La provocación y el enquistamiento del conflicto con Rusia no son un error de cálculo diplomático; son la gallina de los huevos de oro del nuevo modelo de acumulación. El Estado del Bienestar gastaba dinero en construir hospitales, escuelas y redes de transporte, bienes que mejoraban la vida de la población y fortalecían su capacidad de organización.

El Estado del Cuartel gasta ese mismo dinero en comprar drones, misiles y sistemas de vigilancia a corporaciones privadas como Rheinmetall, BAE Systems o Thales. Este es el secreto a voces de las elites europeas. La guerra y la amenaza de guerra son el único keynesianismo que les queda. Ante la imposibilidad de generar crecimiento real en una economía desindustrializada y envejecida, la única forma de inyectar dinero público en la economía sin que la población lo reclame en forma de bienestar social es a través del gasto militar.

Las elites europeas necesitan a Rusia como el enemigo existencial para justificar el aumento exponencial de los presupuestos de defensa. Este gasto público es una trasferencia directa de riqueza de los contribuyentes europeos a los accionistas del complejo militar-industrial. Es el despojo definitivo: obligar a una clase media empobrecida a pagar con sus impuestos los dividendos de las empresas que fabrican las armas que amenazan su propia seguridad.

Y conectando, orquestando y beneficiándose de estos tres pilares se encuentra el gran depredador, la entidad que ha trascendido la mera influencia para convertirse en el verdadero soberano de Europa, BlackRock. Larry Fink y su fondo de catorce billones de dólares no son un actor más en el mercado; son la encarnación del feudalismo financiero global. BlackRock es el dueño de la sustitución del Estado del Bienestar por el Estado de la Vigilancia y el Cuartel porque BlackRock es accionista mayoritario de todo lo que compone este nuevo sistema.

Poseen las acciones de las empresas de energía que estrangulan a la industria alemana; poseen la deuda de los Estados francés y británico que los obliga a recortar los servicios públicos; poseen las empresas tecnológicas que proveen los algoritmos de vigilancia y censura, y, por supuesto, son los principales accionistas de Rheinmetall y de las grandes corporaciones de defensa.

BlackRock no tiene patria, no tiene lealtad a la constitución de ningún Estado europeo y no rinde cuentas ante ningún electorado. Para BlackRock, la «transición verde» no es una necesidad ecológica, es un mecanismo para crear nuevos mercados de activos financieros y destruir la vieja industria que exige derechos laborales. Para BlackRock, la guerra en Ucrania no es una tragedia humanitaria, es una oportunidad para lanzar Exchange Traded Fun (ETFs), o fondo cotizado de defensa europea y capitalizar el miedo. BlackRock es el nuevo Krupp, el nuevo Siemens, el nuevo IG Farben, pero multiplicado por mil y liberado de cualquier atadura territorial.

Las elites europeas ante la pregunta de si son parte del desastre o los ganadores, la hipótesis y el concepto de «capitalismo de crisis» sugiere que la facción tecnocrática, financiera y verde está ganando. La teoría de las elites sugiere que están utilizando la crisis para consolidar el poder supranacional de la Unión Europea y evolucionar su marco legal hacia una mayor centralización.

Si aplicamos a esta Europa, la de 2026, el marco analítico que Ian Kershaw desarrolló en su magistral “Descenso a los infiernos”, el paralelismo no es solo perturbador, es revelador de la intencionalidad de las elites. Kershaw identificó cuatro motores que empujaron a Europa al abismo entre 1914 y 1949: las tensiones nacionalistas, las disputas territoriales, los conflictos de clase y las crisis del capitalismo. Pero su gran lección es cómo las elites conservadoras y financieras utilizaron estos motores para justificar la destrucción de la democracia y los derechos sociales.

En los años treinta, el pánico sistémico de las elites ante el comunismo y la revolución obrera las llevó a apoyar, financiar y armar a los movimientos fascistas. Necesitaban un leviatán que aplastara a los sindicatos, eliminara el derecho a huelga y sometiera a la clase trabajadora a la disciplina de la economía de guerra. El fascismo no fue un accidente histérico de las masas; fue la solución de emergencia de las elites para salvar el capital mediante el terror de Estado.

Al igual que en el periodo de entreguerras, las elites actuales están dispuestas a sacrificar la democracia liberal, el bienestar social y la paz para garantizar la seguridad del capital y su propia supervivencia en la cúspide de la pirámide. Utilizan la amenaza de Rusia y China como el nuevo «peligro bolchevique», un chivo expiatorio geopolítico que les permite imponer medidas de austeridad, recortar libertades civiles y desviar el presupuesto público hacia el aparato de seguridad. El enemigo externo es la coartada perfecta para el despojo interno.

El despojo se ha vuelto invisible, automatizado y aceptado como «sentido común» por una población que ha sido educada para temer más al «discurso de odio» o a la «desinformación» que, a la pobreza, a la guerra o a la pérdida de su soberanía. Las elites han logrado que los propios ciudadanos se vigilen, se delaten y se autocensuren, externalizando la función de la policía política a la propia sociedad civil, esa misma que Soros y sus ONG han meticulosamente adiestrado en la pureza moral y la obediencia tecnocrática.

Al destruir el Estado del Bienestar, las elites europeas han eliminado el colchón de contención social. Han sustituido la esperanza por el miedo, y el miedo, cuando se acumula durante demasiado tiempo en una población acorralada, no genera sumisión; genera una presión explosiva. El despojo tiene un límite físico. Cuando la clase media europea ya no pueda pagar la calefacción, cuando los trabajadores de las ciudades desindustrializadas no tengan nada que perder, cuando la realidad material de la pobreza y la guerra llame a sus puertas, ninguna ley de «desinformación» y ningún algoritmo de vigilancia podrá contener la furia de una sociedad a la que se le ha robado el futuro.

La historia, como Kershaw demostró y como Vuillard noveló, suele castigar esa arrogancia. Las catástrofes históricas rara vez son causadas por monstruos sádicos al principio; son causadas por elites conservadoras, banqueros y tecnócratas que creen que pueden gestionar el caos para proteger sus privilegios. Las elites europeas actuales, al financiar la guerra contra Rusia y permitir la desindustrialización de Alemania, están caminando por el mismo precipicio, convencidas de que su ingeniería financiera y militar las salvará.

Pero los nuevos veinticuatro caballeros, los Soros, los Rothschild, los Fink, los Von der Leyen, los Macron, no han aprendido la lección de sus predecesores. Creen que esta vez será diferente. Creen que el monstruo les obedecerá. La historia, terca y repetitiva, les recordará que los monstruos nunca obedecen a quienes los financian. Europa, una vez más, desciende a los infiernos. Y esta vez no habrá un 1945 que la rescate de sí misma.

viernes, 19 de diciembre de 2025

PROTESTAS MASIVAS EN BULGARIA: EL GOBIERNO CAE JUSTO ANTES DE LA INTRODUCCIÓN DEL EURO

 Markus Salzmann

World's Socialist Website, 18/12/2025

Las continuas protestas masivas obligaron al Gobierno búlgaro del primer ministro Rossen Zhelyazkov (GERB) a dimitir la semana pasada. Esto intensifica aún más la crisis política en el país, que tiene previsto introducir el euro como moneda el 1 de enero de 2026.

El miércoles por la noche, más de 150.000 personas se manifestaron en el barrio gubernamental de la capital búlgara, Sofía. Protestaron contra el presupuesto previsto para el próximo año, que prevé aumentos de impuestos, así como contra la corrupción generalizada en el país, y exigieron la dimisión del gobierno, ampliamente odiado.

Un gran número de personas también salió a las calles en la segunda ciudad más grande del país, Plovdiv, así como en más de 20 ciudades de toda Bulgaria, entre ellas Varna, Burgas, Veliko Tarnovo y Razgrad. Los búlgaros también se reunieron para manifestarse en el extranjero el miércoles, entre otros lugares en Londres, Berlín, Viena, Zúrich y Nueva York.

Las protestas llevan semanas. Anteriormente, más de 50 000 personas se manifestaron en la capital. Hace dos semanas, se produjeron enfrentamientos con la policía tras una concentración, según informó la agencia de noticias AFP.

Una oficina del partido gobernante GERB fue vandalizada y varios vehículos policiales resultaron dañados. Los agentes utilizaron gases lacrimógenos y porras. Hubo al menos 10 detenciones y al menos tres personas resultaron heridas. Algunos manifestantes atacaron la sede del DPS, que apoya al Gobierno, con piedras y botellas.

La coalición gobernante del partido derechista y proeuropeo GERB, que gobernaba junto con los socialistas (BSP) y el nacionalista ITS, era profundamente odiada por la población. Zhelyazkov solo llevaba en el cargo desde principios de año. Tras las protestas masivas de 2020 contra el entonces Gobierno del primer ministro Boyko Borissov (GERB), el país del sudeste de Europa ya ha vivido siete elecciones anticipadas.

Es muy improbable que las próximas elecciones den lugar a un gobierno estable. La última alianza gobernante también dependía del apoyo del partido opositor turco DPS. Este partido está liderado por el oligarca Delyan Peevski, que controlaba una parte significativa de los medios de comunicación búlgaros antes de verse obligado a desprenderse de parte de ellos tras las sanciones impuestas por Estados Unidos por corrupción. El Reino Unido también impuso sanciones a Peevski en 2023.

La semana pasada, el presidente Rumen Radev invitó directamente a la facción parlamentaria más grande a iniciar conversaciones para formar un gobierno. Si tanto la facción más grande como la segunda más grande fracasan, se celebrarán nuevas elecciones en dos meses, lo que se considera probable. Hasta entonces, se instalará un gobierno interino.

Este gobierno intentará aprobar el proyecto de presupuesto para 2026, que ha provocado una feroz oposición entre la población y que el gobierno ahora dimitido se vio finalmente obligado a retirar debido a las protestas masivas. Prevé nuevas subidas de impuestos, mayores cotizaciones a la seguridad social y una expansión masiva del aparato de seguridad.

El presupuesto representa la culminación de los drásticos ataques contra la población, que ha tenido que soportar recortes cada vez más severos en los últimos años para cumplir los criterios de introducción del euro.

Desde que el país se incorporó a la Unión Europea en 2007, innumerables gobiernos han adoptado paquetes de austeridad cada vez más nuevos, y la UE ha exigido recientemente recortes presupuestarios cada vez más severos para mantener los criterios de convergencia para la adopción del euro. La introducción de la moneda, prevista inicialmente para 2024, fracasó debido a la inflación extremadamente alta.

Bulgaria se convertirá ahora en el vigésimo primer miembro de la zona del euro, lo que la convierte en el país más pobre que utiliza la moneda común. El 40 % de la población vive en la pobreza o en riesgo de pobreza. La pensión mínima es inferior a 300 euros al mes, y la pensión media, de poco más de 500 euros, es solo ligeramente superior.

El salario medio ronda los 1000 euros al mes, muy por debajo de la media de la UE. La situación es especialmente precaria para los jóvenes. Encontrar un trabajo con un salario adecuado para mantenerse a uno mismo y a una familia es prácticamente imposible. Alrededor de 1,8 millones de búlgaros viven actualmente en el extranjero; a menudo se trata de jóvenes altamente cualificados que no ven perspectivas en el país.

Por lo tanto, no es de extrañar que los jóvenes estén desempeñando un papel importante en las recientes protestas. El Wall Street Journal describió las protestas en Sofía como el primer derrocamiento exitoso de un gobierno por parte de la generación Z en Europa. De hecho, también en Europa, la combinación de pobreza, falta de perspectivas y una clase dirigente despiadada y corrupta está llevando a los jóvenes a protestar, como en Indonesia, Marruecos, Madagascar y Nepal.

Al mismo tiempo, la oposición generalizada entre la población no encuentra expresión en los partidos establecidos del país, casi todos los cuales han participado en el gobierno durante los últimos 20 años y han aplicado las mismas políticas. En las últimas elecciones parlamentarias, la participación electoral cayó por debajo del 40 %.

La introducción prevista del euro también cuenta con la oposición de una amplia mayoría. Una encuesta realizada por el Ministerio de Finanzas tuvo que admitir que la mayoría estaba en contra de la introducción. Encuestas independientes sitúan la oposición en casi el 60 %.

Aunque la moneda anterior, el lev, ha estado vinculada al euro desde 1999, y antes a la marca alemana, la conversión irá acompañada de aumentos de precios. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, declaró que la introducción del euro en enero alimentaría la inflación.

Berlín y Bruselas han impulsado la introducción del euro, por un lado por razones económicas y por otro para vincular aún más a Bulgaria a la alianza contra Rusia. A pesar de la fuerte presión política interna, el Gobierno del GERB se mantuvo al lado de la UE y apoyó la guerra contra Rusia en Ucrania. Por lo tanto, una de las preocupaciones dentro de la UE es que, en caso de nuevas elecciones, las fuerzas más prorrusas podrían aumentar su influencia.

Bulgaria desempeña un importante papel geoestratégico debido a su ubicación central en el sur de Europa y su acceso al mar Negro. Mientras que se recortó drásticamente el presupuesto para áreas como la educación, la salud y los servicios sociales, el Gobierno planeó la compra de nuevos aviones de combate por casi 1000 millones de euros. Las unidades navales también recibirán nuevos barcos.

Al comienzo de la guerra de Ucrania, Bulgaria ya había entregado grandes cantidades de equipo militar de la era soviética. Ahora, la industria armamentística del país se está reestructurando y ampliando.

El fabricante de armas alemán Rheinmetall tiene previsto construir una nueva planta en Sopot que producirá pólvora y proyectiles de artillería de 155 milímetros. La empresa y las autoridades búlgaras han firmado un contrato al respecto por un valor superior a €1000 millones. Está previsto que la planta comience a funcionar en 2027.

En septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, visitó la fábrica y destacó la importancia de Bulgaria como proveedor de armas para la guerra contra Rusia. Al comienzo de la guerra, «un tercio de las armas utilizadas en Ucrania procedían de Bulgaria», según von der Leyen.

Más recientemente, Rheinmetall también ha cerrado una empresa conjunta para la fabricación de pólvora propulsora en la ciudad rumana de Victoria. Para 2030, se prevé producir allí 20. 000 toneladas anuales de pólvora propulsora, que sirve como propulsor para tanques y cohetes.

martes, 9 de diciembre de 2025

CONFERENCIA EN VALLADOLID: NOS LLEVAN A LA GUERRA. EE.UU ORDENA, EUROPA OBEDECE

 


LA OTAN Y LA UE NOS LLEVAN A LA GUERRA

En contra de la versión de los medios, el conflicto de Ucrania viene de lejos y es obra de la OTAN. Sus raíces están en la implosión de la URSS orquestada desde EEUU en los años 90, lo que posibilitó separar a Rusia de Ucrania (fraternalmente unidas durante siglos) y usar a esta última como trampolín para atacar y trocear la Federación Rusa, como se había hecho con Yugoslavia poco antes. Para ello los servicios secretos occidentales potenciaron una ideología, el nacionalismo ucraniano de signo fascista, para limpiar étnicamente de rusos Ucrania y servir de punta de lanza para debilitar y neutralizar a Rusia como potencia. Pero los cálculos de occidente fallaron, y Rusia, después de buscar inútilmente la paz en los acuerdos de Minsk, le plantó cara a la OTAN en el campo de batalla ucraniano. Casi cuatro años después del comienzo de la intervención rusa, el ejército ucraniano está cerca del colapso, el país está arruinado y su clase política, mantenida con el dinero de los contribuyentes de la UE, hundida en la corrupción. Y es ahora cuando Europa y la OTAN, después de saquearnos, nos quieren meter en una guerra que estaba perdida desde el principio contra la mayor potencia nuclear del mundo. Por eso decimos que no cuenten con nosotr@s. L@s trabajadores nos negamos a morir en guerras imperialistas. Abajo el imperialismo de la OTAN y sus secuaces de la UE.



miércoles, 26 de noviembre de 2025

LA MATRIOSKA EUROPEA DE LA IRRELEVANCIA

Pepe Escobar
El rugido del Sur Global, 26/11/2025

La combinación UE/OTAN no puede sino desempeñar el papel de patéticos chihuahuas ladradores. Ese es el precio que se paga por una matrioska de estupidez suprema.

Nadie ha perdido nunca dinero apostando por los instintos políticamente suicidas de la UE posorwelliana, ese acrónimo de una Europa virtual.

Llámelos psicópatas bipolares juveniles o un grupo de chihuahuas ladradores: ninguna voz de la razón jupiteriana o mercurial ha sido capaz de transmitir al «liderazgo» de Bruselas y a sus vasallos en la mayoría de las capitales europeas —sí, hay excepciones saludables— que los perdedores en las guerras no dictan las condiciones.

Y aún así, esas luminarias del Consejo de Guerra —con un papel protagonista especial para la tóxica Medusa Pfizer y su compinche estonio, incapaz incluso de gestionar un puesto de arenques en el Báltico— insisten en que, en esencia, la banda megacorrupta de Kiev debe prevalecer, hasta el último ucraniano muerto, y además dictar las condiciones finales de su no rendición.

La realidad dice lo contrario. El plan A nunca fue hablar, y mucho menos negociar con Rusia. Y aún no hay un plan B.

Así que, tras el teatro del absurdo de los 28 puntos —que ni siquiera es el plan de Trump, sino una mezcolanza ideada por el dúo Witkoff-Dmitriev, más las «ideas» del neoconservador Rubio y el tóxico activo sionista Jared Kushner—, las discusiones se volvieron frenéticas, lo que llevó a un «contraplan» de emergencia que es, cómo no, un manifiesto de perdedores.

Incluso Rubio se permitió un momento de gloria: «¿Qué plan?». Más vale llamarlo «El beso de la muerte europeo».

Rusia, por su parte, se comporta como Lao Tzu rodeado de perros rabiosos callejeros. Las condiciones para una negociación han sido establecidas en detalle por Putin desde junio de 2024. Son innegociables y permitirían que la negociación comenzara: Kiev se retira de las cuatro regiones y se compromete formalmente a no entrar nunca en la OTAN.

Uno de los puntos del «contraplan» de la UE es un alto el fuego de 30 días, tras el cual se debatirán todas las disputas territoriales. Eso significa que todo quedará congelado en la línea del frente actual y que Ucrania no se retirará de las partes de Donbás que aún ocupa.

Nada de eso —y mucho más— es remotamente aceptable para el verdadero ganador de la guerra, Rusia. No sería aceptable ni siquiera si las tropas de la OTAN entraran mañana en Moscú.

Así pues, el «contraplan», elaborado en colaboración con la inimaginablemente corrupta combinación de Kiev, es esencialmente una operación de sabotaje para ganar algo de tiempo y comprar unos 6 billones de dólares en armas —estadounidenses— para su ampliamente declarada guerra eterna. A Moscú le parece bien, ya que la OME (Operación Militar Especial) seguirá adelante, en modo «rolling thunder» [trueno arrollador].

Los perdedores bombardean un plan de paz

El contraplan de 24 puntos de la UE contiene perlas como que Ucrania reciba garantías de seguridad legalmente vinculantes del Imperio del Caos y sus vasallos: una estafa de facto del artículo 5 de la OTAN con una terminología diferente.

Además, no hay restricciones para las fuerzas armadas y la industria de defensa de Ucrania; control de la central nuclear de Zaporozhye (con el Imperio del Caos en la mezcla) y la presa de Kajovka; acceso sin obstáculos al río Dniéper y control de la península de Kinburn.

Y lo más importante: Ucrania recibirá una «compensación económica», incluida la procedente de los activos soberanos rusos robados hasta ahora, que seguirán siendo robados hasta que Moscú pague la compensación.

En cuanto a las sanciones, «pueden» —esa es la palabra clave— ser «parcialmente» —otra palabra clave— suavizadas solo después de una «paz sostenible», con un retorno automático si se viola el acuerdo. Traducción: Occidente puede sancionar a Rusia de nuevo cuando lo considere oportuno. No se dice nada sobre las provocaciones de la UE/OTAN utilizando a Ucrania, el escenario real que condujo a la OME.

Así pues, lo que propone el «contraplan» —obviamente redactado por un grupo de eurócratas que ni siquiera saben disparar una pistola correctamente— es una réplica exacta del plan que condujo al inicio de las hostilidades en febrero de 2022.

Rusia, una vez más, está jugando con una paciencia infinita. El plan de Trump, que en realidad no es de Trump, se considera diplomáticamente como una «buena base» para futuras negociaciones serias, sin que la multitud vociferante tenga acceso a la mesa. Eso es todo, en el mejor de los casos.

Después de todo, Rusia disfruta de una serie de ventajas asimétricas que se superponen en el campo de batalla: adaptación sistémica y táctica; enorme ventaja en las operaciones con drones (drones FPV con fibra óptica); uso de bombas planeadoras de largo alcance.

El «contraplan» chihuahua exige esencialmente una guerra congelada; una Ucrania remilitarizada; una OTAN remilitarizada; y, en última instancia, una guerra perpetua contra Rusia. Ya ha bombardeado, metafóricamente, el plan original de Trump, que no es exactamente de Trump.

El «contraplan» también debe considerarse una táctica de distracción ahora que la oscura sima de la corrupción en Kiev comienza a ser investigada por la NABU, incluso cuando el representante ruso ante la ONU, Nebenzya, llevaba advirtiendo desde siempre al Consejo de Seguridad de la ONU que «estaban tratando con una banda corrupta que se está beneficiando de la guerra».

Nebenzya también observó acertadamente que ningún país occidental ha dicho una sola palabra sobre el escándalo de corrupción en Kiev. Por supuesto: porque una investigación adecuada seguiría inevitablemente la cadena de mando de la corrupción hasta los círculos de toma de decisiones en Washington y Bruselas.

El vacío metafísico de las «élites» de la UE

Emmanuel Todd, en su innovadora obra La derrota de Occidente, publicada en Francia a principios del año pasado (la primera reseña en inglés se encuentra aquí), fue el primer analista europeo en profundizar en el malestar de la UE, junto con su exhaustivo análisis de la guerra por poderes en Ucrania.

Recientemente, en una destacada conferencia en Hiroshima, Todd estableció una sorprendente correlación entre la rusofobia y el protestantismo. Vale la pena citar algunos pasajes:

«Lo que hemos visto aparecer recientemente en Europa es una rusofobia específicamente europea, un belicismo específicamente europeo, centrado en el norte de Europa, en la Europa protestante. La Europa protestante es el Reino Unido, es la mayoría de Alemania, es Escandinavia, son dos de los tres países bálticos».

Al mismo tiempo, Todd ha observado que «España, Italia y los países católicos en general no son ni rusófobos ni belicistas». El argumento clave de Todd es que el protestantismo «es más peligroso en su estado cero que el catolicismo»:

«El protestantismo es más capaz de dejar atrás una sociedad nihilista. El protestantismo, y lo mismo podría decirse del judaísmo, era una religión muy exigente. Estaba Dios, estaban los fieles y el mundo era secundario. La belleza del mundo en particular era rechazada con, entre otras cosas, un rechazo de las imágenes, un rechazo de las artes visuales. Cuando desaparecen esas religiones, obsesionadas con la trascendencia, no queda nada. El mundo en sí mismo no es interesante, está vacío. Este intenso vacío abre una posibilidad particular de nihilismo. El catolicismo es una religión menos exigente, más humana, que puede aceptar la idea de que el mundo es, en sí mismo, bello. Las imágenes no han sido rechazadas en el mundo católico, y el mundo católico está lleno de maravillas artísticas. En un país católico, si se pierde a Dios, queda la sensación de la belleza del mundo. Si es francés, sigue teniendo la sensación de que vive —sin duda, una ilusión— en el país más bello del mundo».

Bueno, es un poco más matizado. ¿Qué hay de las cruentas cruzadas y la Inquisición española? Alemania se vio obligada, de hecho, por una campaña masiva de relaciones públicas a convertirse en rusófoba, a diferencia de los chihuahuas bálticos. La mayor parte de la Europa protestante es, de hecho, atea, y el siguiente paso del ateísmo es el nihilismo. Rumanía es mayoritariamente cristiana ortodoxa, donde el odio a Rusia es como un deporte nacional. Y el protestantismo fue esencialmente el cristianismo turboalimentado a la era del capital. Así que el principal conflicto es, de hecho, el turbo-neoliberalismo occidental contra la Rusia cristiana ortodoxa.

Volvamos a lo básico. Cualquiera con un coeficiente intelectual superior a la temperatura ambiente sabe que el régimen de la OTAN en Kiev se basa en el robo y el saqueo descarado. Ahora las luces están apagadas. La calefacción está apagada en su mayor parte. El ejército se está derrumbando constantemente a lo largo de los más de 1.200 km de frente.

Sin embargo, las élites de la UE —la estructura de Bruselas solo sigue sus órdenes— han invertido sin límites en el inevitable (en sus sueños) colapso y saqueo de Rusia. Por eso nunca hubo un plan B.

Si la UE se rinde ahora, si admite que es la perdedora irremediable de esta aventura absurda, el colapso económico será épico. La combinación UE/OTAN no puede sino desempeñar el papel de patéticos chihuahuas ladradores. Ese es el precio que se paga por una matrioska de estupidez suprema: provocar y amenazar a una superpotencia con el arsenal nuclear e hipersónico más avanzado del planeta. Su actual «victoria» consiste en bombardear el ya inestable plan de «paz» de Trump.

Tantos horrores, tan poco tiempo. En una nota más auspiciosa, dejemos que Todd tenga la última palabra:

«Si usted es italiano, vive en el país del mundo donde hay las cosas más bellas, ya que la propia Italia se ha convertido en un objeto de arte. En tales contextos, el miedo al vacío metafísico es menos intenso y, por lo tanto, el riesgo de nihilismo es menor. En mi opinión, el país de Europa menos amenazado por el nihilismo es Italia, porque en Italia todo es bello».

Así que deshágase de su vacío metafísico, abandone esos chihuahuas de la guerra y abrace la belleza de Italia como una obra de arte viviente. Eso es exactamente lo que voy a hacer a continuación.

sábado, 8 de marzo de 2025

DEMENCIA AGUDA: EUROPA VUELVE A DECLARAR LA GUERRA A RUSIA

Pepe Escobar

Observatorio de la crisis, 07/03/2024


Sin el Proyecto Ucrania, y sin la protección del Amo, Europa no es más que una pequeña península poscolonial irrelevante de una Eurasia en rápida integración.

Comencemos con el momento Camino a Damasco del Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio:

“Francamente, es una guerra indirecta entre potencias nucleares, en la que Estados Unidos ayuda a Ucrania  contra Rusia. Esto debe terminar, es un disparate”. 

Jeffrey Sachs al rescate. Por supuesto, la formulación correcta sería “guerra por delegación lanzada por Estados Unidos”. Pero, aun así: ¡Aleluya! Una iluminación así –por delegación– desde los Cielos jamás podría haberle caído encima al anterior Secretario de Estado norteamericano sobre el Genocidio en Gaza.

Ahora pasamos al pánico. El pánico europeo total.

Le Petit Roi, tan popular en Francia como los mosquitos nocturnos en un resort de playa de cinco estrellas, ha declarado que la paz en Europa sólo es posible con una Rusia “domesticada” y que Rusia es una amenaza directa para Francia y Europa.

Sobre Ucrania, pontificó que la paz simplemente no puede lograrse bajo los términos rusos o mediante la –inevitable– rendición ucraniana.

El sin aliento Petit Roi literalmente se puso a hablar de armas nucleares. Subrayó que Francia posee un poder de disuasión nuclear y lo ofreció al resto de Europa, al tiempo que insistió en que el futuro de Europa no debería estar dictado por Moscú o Washington.

El Petit Roi napoleónicamente le declaró la guerra a Rusia. Bueno, el hecho es que la abrumadora mayoría de Francia estaría de acuerdo con que el mini-Napoleón fuera enviado de inmediato a los campos de batalla en el suelo negro de Novorossiya, donde se rendiría en menos de cinco minutos, ondeando una bandera arco iris, al darse cuenta que está a punto de convertirse en un steak tartar instantáneo.

Ahora combinemos esta farsa de Molière con el destino del mucho más grande, más gordo y paneuropeo del Ejército Woke de Nuevo Modelo, regimentado por el Führerin SS von der Lugen desde Bruselas, que supuestamente será financiado con una suma de 800 mil millones de euros, dinero que nadie tiene y que tendría que ser prestado y luego devuelto con tasas de interés de extorsión altísimas a los buitres habituales del sistema financiero internacional.

SS von der Lugen insiste en que Europa está en peligro, por lo que la solución es una expansión masiva del complejo militar-industrial (en la práctica, comprar más armas estadounidenses a precios excesivos) y el “rearme”.

Hablemos del Ocaso de los Dioses en crack.

Si alguna vez saliera a la luz el Nuevo Modelo del Ejército Woke, la rendición también sería cuestión de menos de cinco minutos, blandiendo banderas de arcoíris, mientras sus guerreros despiertos se enfrentarían a la terrible perspectiva de ser convertidos en Oreshniks y convertidos en una pila de hamburguesas asadas a la parrilla con carbón.

A esto hay que sumarle el regreso de la saga del Nord Stream, con un nuevo giro en la trama. Sy Hersh demostró de manera concluyente que los Nord Streams fueron bombardeados por orden del anterior régimen de muñecos de prueba de choque en Washington. Ahora, al menos, el Nord Stream 2 podría volver a funcionar gracias a un acuerdo no tan secreto entre Estados Unidos y Rusia en el que participan Gazprom y oligarcas estadounidenses.

Mientras tanto, los fanáticos de Berlín aseguran a diestro y siniestro que quieren explorar todas las formas posibles de impedir que se repare el sistema Nord Stream, porque, después de todo, nadie, y menos aún el nuevo canciller de BlackRock, puede desviarse de la política oficial de destruir la economía alemana por todos los medios necesarios.

Para agravar aún más el panorama kafkiano, el primer ministro de Dinamarca –que está al borde de perder Groenlandia “de una manera u otra” a manos de Trump 2.0– inmortalizó las palabras “la paz en Ucrania será más peligrosa que la guerra”. El primer ministro polaco no se quedó atrás y añadió que “Europa es más fuerte que Rusia y capaz de ganar en cualquier confrontación militar, financiera o económica”. Europa está en una racha “ganadora” como lo demuestra el historial.

Toda esta desconcertante Torre de Babel demuestra, sin lugar a dudas, que Europa está geopolítica y geoeconómicamente muerta y enterrada. Ningún dios teutónico, con sus damas gordas cantando, podrá resucitarla.

Coqueteando con un billete de ida de regreso a la Edad de Piedra

La idea que Europa es capaz de representar una amenaza militar para Rusia ni siquiera se puede considerar propaganda de pacotilla para personas con un coeficiente intelectual inferior a cero. Haría falta al menos una década para remilitarizar Alemania, ya que su economía está moribunda, apuñalada en serie por unos costes energéticos inmanejables. 

Rusia, por su parte, está protegida de un posible ataque nuclear por el insignificante arsenal de Le Petit Roi, pues Moscú cuenta con las defensas antimisiles más sofisticadas del mundo.

Los misiles defensivos Aegis en Polonia son relativamente inútiles, aunque el principal peligro para Rusia sigue siendo que el sistema puede ser transformado para manejar misiles ofensivos. En conjunto, los sistemas infrarrojos terrestres Aegis, Patriot, THAAD-PAC-3 y SBIR-HIGH son todos relativamente inútiles.

Aparte de Estados Unidos, la OTAN simplemente no tiene valor militar y Washington, bajo el gobierno de Trump 2.0, simplemente no participará en la próxima guerra europea.

Estados Unidos tiene sistemas satelitales para apuntar a objetivos, pero nadie más en la OTAN los tiene. Con la retirada de Estados Unidos, y ante un hipotético ataque del Nuevo Ejército Woke dirigido por von der Lugen contra Rusia, los misiles rusos pueden destruir todos los puertos, aeropuertos y sistemas de fabricación y energía europeos en un día como máximo, devolviendo instantáneamente a Europa a la Edad de Piedra.

Esto se aplica a Inglaterra, Francia, Alemania, por no hablar de todos los chihuahuas: toda la OTAN. Rusia puede destruir todos los sistemas de energía británicos con Zircons lanzados desde un submarino convencional. ¡Ahí vamos, Edad de Piedra! Los misiles hipersónicos rusos no pueden ser interceptados.

Mientras tanto, el presidente Putin insiste en hablar con sentido común a los lunáticos. El 27 de febrero, en el Colegio del FSB, señaló que “algunas élites occidentales siguen decididas a mantener la inestabilidad en el mundo y esas fuerzas intentarán perturbar y comprometer el diálogo [con EE.UU.] que se ha iniciado. Lo estamos viendo. Tenemos que tenerlo en cuenta y utilizar todas las posibilidades de la diplomacia y los servicios especiales para frustrar esos intentos”.

Como señaló Andrei Martyanov, las superpotencias tienen “sólo dos opciones en el siglo XXI : o bien iniciar una Tercera Guerra Mundial que terminará con un intercambio nuclear o bien encontrar un modus vivendi”. Se trata de una conversación para adultos que excluye automáticamente el hospicio europeo y las rabietas infantiles del actor chiflado de Kiev.

El actor chiflado nunca tuvo cartas. Ahora es una figura patética, haciendo volteretas para aferrarse al poder, apoyado por el dinero, las armas y la propaganda masiva del (antiguo) Occidente colectivo. Ahora la nación 404 que él “creó” está perdiendo no sólo la guerra, sino también la guerra de relaciones públicas.

El ex asesor del jefe de gabinete de Zelenski, Oleksiy Arestovych, tan viscoso como los demás, pero siempre al tanto de la información fiable, está convencido que el ejército ucraniano, ciego o bizco, puede resistir en el mejor de los casos un mes y medio o dos más sin todos esos regalitos estadounidenses. Sin datos de inteligencia, las fuerzas de Kiev no pueden preparar ataques contra la Federación Rusa ni realizar operaciones de reconocimiento y cibernéticas.

El país 404 en su conjunto está entrando ahora en territorio de The Walking Dead. Europa, con o sin su SS von der Lugen Invencible Armada, no tiene la capacidad industrial, el poder financiero ni la capacidad militar para detener la debacle. Rusia ya ha declarado que cualquier tropa europea de “mantenimiento de la paz” se convertirá inmediatamente en un objetivo legítimo.

El espectacular fracaso del Proyecto Ucrania es digno de ver. No es de extrañar que las actuales, sórdidas y espantosas “élites” políticas europeas estén sumidas en el pánico total. Sin el Proyecto Ucrania, y sin la protección mafiosa de La Voz del Amo, no son más que, geopolíticamente, una pequeña península poscolonial irrelevante en las fronteras occidentales de una Eurasia en rápida integración.

En cuanto a que Trump 2.0 y el Kremlin ya han llegado a algún tipo de acuerdo previo, incluso antes del inicio de las negociaciones serias, no hay pruebas que lo corroboren. 

Según fuentes de inteligencia rusas, lo que se ha logrado es un acuerdo general sobre el marco de las negociaciones y lo que se puede lograr en la práctica. Esta fase inicial durará al menos unos meses.

Los temas sobre la mesa van desde el levantamiento de las sanciones a los bancos rusos y el uso de tarjetas MIR hasta el restablecimiento de los vuelos directos y la reducción de la militarización del Ártico.

Todo depende, en esencia, de si Trump quiere –y es capaz de garantizar– un rápido final en Ucrania mientras se desvincula, lenta pero seguramente, de la OTAN.

Teniendo en cuenta lo que parece ser su dirección estratégica, Trump quiere asegurarse de no tener que ofrecer protección mafiosa a los miembros europeos de la OTAN si insisten en seguir adelante con su guerra eterna contra Rusia. Está claro que apagar Starlink y apagar el satélite ISR conduciría a un final mucho más rápido en el campo de batalla.

Mientras tanto, el SMO seguirá adelante. Y, como quieren los europeos, hasta el último ucraniano.

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